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¿Sabe tu correctora distinguir el valenciano? Ponemos a prueba los correctores con textos de aquí

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¿Sabe tu correctora distinguir el valenciano? Ponemos a prueba los correctores con textos de aquí

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Hay una pregunta que en Valenappi llevábamos tiempo queriendo responder: cuando escribes un correo en valenciano y lo pasas por un corrector automático, ¿ese corrector sabe de verdad lo que está leyendo o simplemente está traduciendo su lógica del castellano a lo bestia? Para averiguarlo, hemos pasado un par de semanas sometiendo a cinco correctores muy conocidos a la prueba más traicionera que se nos ha ocurrido: textos escritos en valenciano, con sus particularidades ortográficas, sus verbos con enclíticos y esa puntuación tan nuestra de los apóstrofos.

El método: textos reales, no frases de laboratorio

No queríamos frases tipo "el gato duerme" que cualquiera puede validar. Preparamos tres bloques de texto: un correo formal de trabajo, un mensaje de WhatsApp del grupo de la falla (con su correspondiente "anem a dinaret?" y sus bromas internas) y un párrafo con vocabulario técnico de un proyecto de emprendimiento local. Además, metimos a propósito errores típicos: confusiones entre "seu" y "seu", acentuaciones dudosas, y algún que otro castellanismo colado tipo "comú" donde tocaba "comú" (sí, esa es fácil, pero veréis que no tanto).

Probamos LanguageTool, el corrector integrado de Google Docs, Microsoft Editor, y las funciones de revisión de dos asistentes de inteligencia artificial muy populares. Todos configurados, cuando permitía, en su modalidad de valenciano o catalán con variante valenciana.

Los resultados: del aprobado raspado al suspenso sonrojado

Empecemos por lo bueno. LanguageTool fue el que mejor se comportó, y no es casualidad: tiene soporte específico para valenciano y no trata la lengua como un dialecto de emergencia. Detectó el enclítico mal colocado en "dir-te'n" y, sorpresa, no nos subrayó en rojo el "eixim" ni el "hui". Si trabajas redactando en valenciano a diario, probablemente sea la opción más sólida ahora mismo.

El corrector de Google Docs hizo su papel en lo básico: acentuación y tildes correctas, poco más. Con la frase "me n'aniré demà", se limitó a sugerir que quizá queríamos escribir en otra cosa. Nivel de comprensión: superficial.

Microsoft Editor, en cambio, se mostró claramente por debajo: aceptó castellanismos que ningún hablante dejaría pasar y marcó como error una construcción perfectamente válida. Cuando le pedimos a los asistentes de IA que corrigieran el texto del grupo de WhatsApp, la cosa se puso interesante: corregían la gramática, sí, pero con una tendencia inquietante a normalizar el texto hacia un estándar más castellano-céntrico, cambiando léxico valenciano por formas que consideraban "más estándar".

El problema de fondo: el valenciano como ciudadano de segunda

Lo que hemos visto no es solo un problema técnico. Es un reflejo de cómo las herramientas digitales tratan las lenguas cooficiales: como variantes a soportar, no como sistemas con su propia norma. La Acadèmium Valenciana de la Llengua tiene la normativa bien definida; el problema es que muchos de estos correctores ni siquiera han entrenado con suficiente corpus en valenciano, o lo han hecho mezclado con catalán estándar sin distinción.

Para los que trabajamos en Valencia en entornos donde el valenciano es la lengua de trabajo —administración, educación, atención al cliente—, esto tiene consecuencias reales: o escribes con la inseguridad de que el corrector te va a "castellanizar" el texto, o apagas el corrector y confías en tu conocimiento.

Nuestra recomendación

Si necesitas un corrector para valenciano hoy: LanguageTool como primera opción, con la variante bien configurada. Si usas correctores de IA, revísala siempre a mano; úsalos como segunda opinión, no como autoridad. Y si tu corrector marca "hui" como error, no cambies tu texto: cambia de corrector.

Hemos aprendido que la tecnología avanza rápido, pero no tan rápido como nos gustaría cuando se trata de lenguas minorizadas. Mientras tanto, toca ser el corrector humano de nuestra propia redacción. Com a mínim, tenim eixida.

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